¿Por qué necesito tenerlo todo bajo control? Su relación con la ansiedad

Hay personas que necesitan tenerlo todo previsto. Organizan sus días, anticipan posibles problemas, repasan mentalmente lo que tienen pendiente y procuran que nada se les escape.

Desde fuera pueden parecer simplemente personas muy responsables y organizadas.

Sin embargo, cuando algo no se vende como esperaban, aparece la inquietud. Y aunque hayan comprobado que todo está bien, les cuesta dejar de pensar en lo que podría salir mal.

¿Por qué a veces necesitamos tenerlo todo bajo control para sentirnos tranquilos?

La respuesta puede estar relacionada con la forma en que gestionamos la incertidumbre y, en algunos casos, con la ansiedad.

¿Por qué siente la necesidad de controlarlo todo?

A nuestro cerebro no le gustan especialmente las situaciones inciertas. Poder anticipar lo que va a suceder nos ayuda a tomar decisiones, prepararnos y responder ante posibles dificultades.

Por eso, planificar y organizarse son herramientas útiles.

El problema puede aparecer cuando dejamos de utilizarlas de forma flexible y empezamos a sentir que necesitamos tenerlo todo previsto para estar bien.

Por ejemplo:

  • Repasar varias veces un mensaje antes de enviarlo, por miedo a que se malinterprete.
  • Darle vueltas durante horas a una decisión, intentando asegurarnos de que es la correcta.
  • Imaginar posibles problemas y preparar soluciones para cada uno de ellos.
  • Sentimos inquietos cuando alguien cambia los aviones a última hora.
  • Tener dificultades para descansar porque siempre parece quedar algo pendiente.

Estas conductas, por sí solas, no indican que exista un problema psicológico. Lo importante es comprender qué función cumple, con qué frecuencia aparecen y cuánto malestar generan.

¿Qué relación existe entre la necesidad de control y la ansiedad?

Una de las características que pueden aparecer en personas con ansiedad es la dificultad para tolerar la incertidumbre.

Cuando no sabemos qué va a ocurrir, nuestra mente puede empezar a generar posibilidades negativas: «¿Y si sale mal?», «¿Y si me equivoco?», «¿Y si ocurre algo que no he previsto?».

Para reducir esa inquietud, podemos intentar obtener más información, comprobar las cosas repetidamente o anticiparnos a cualquier imprevisto.

Y aquí aparece una paradoja: aunque estas estrategias pueden proporcionar alivio a corto plazo, cuando se utilizan constantemente para eliminar la incertidumbre pueden contribuir a mantener la ansiedad.

Imagina que estás organizando un viaje. Compruebas que las reservas están correctas y revisas los horarios.

Hasta aquí, nada extraño.

Pero después vuelves a comprobarlo porque aparece la duda de si ha pasado algo por alto. Te tranquilizas durante unos minutos, hasta que surge otra posibilidad que no habías contemplado.

Sin darte cuenta, puedes acabar dedicando mucho tiempo y energía a intentar conseguir una seguridad absoluta que, en realidad, no existe.

¿Cómo saber si tu necesidad de control te está afectando?

No se trata de distinguir entre personas organizadas y desorganizadas.

La cuestión es cómo te relacionas con los imprevistos y qué ocurre cuando no puedes tener todas las respuestas.

Puedes reflexionar sobre algunas preguntas:

  • ¿Te resulta difícil tomar decisiones sin tener garantías de que todo saldrá bien?
  • ¿Dedicas demasiado tiempo a anticipar problemas que quizás nunca sucederán?
  • ¿Te cuesta disfrutar del presente porque estás pensando en lo siguiente?
  • ¿Sientes que necesitas comprobar ciertas cosas una y otra vez para quedarte tranquilo?
  • ¿La posibilidad de equivocarte te genera un malestar desproporcionado?

No son preguntas diagnósticas. Simplemente puedes ayudarte a identificar patrones que quizás estén generando desgaste.

¿Qué puedes hacer para relacionarte mejor con la incertidumbre?

El objetivo no es dejar de planificar ni actuar de manera despreocupada. Se trata de desarrollar una relación más flexible con aquello que no podemos controlar.

1. Diferencia lo que puedes resolver de lo que solo estás anticipando.

Pregúntate si existe un problema concreto que requiere una acción ahora mismo o si estás intentando encontrar respuestas para una situación hipotética.

2. Observa qué buscas cuando compruebas algo repetidamente.

A veces necesitamos información. Otras veces lo que buscamos es aliviar una sensación incómoda. Identificar esa diferencia puede ayudarnos a comprender mejor nuestra conducta.

3. Practica aceptar pequeñas dosis de incertidumbre.

En situaciones cotidianas y seguras, puedes empezar a permitirte no revisar todo varias veces o aceptar que una decisión no tenga garantías absolutas. No se trata de exponerte a riesgos innecesarios, sino de aprender que puedes manejar cierto grado de duda.

4. Revisa tus expectativas sobre el error.

Equivocarnos o encontrarnos con imprevistos no significa necesariamente que hayamos hecho algo mal. A veces, incluso tomando buenas decisiones, las cosas no salen como esperábamos.

¿Cuándo puede ayudarte la terapia psicológica?

Si sientes que necesitas anticiparlo todo, que tu mente no descansa o que la incertidumbre condiciona tus decisiones, puede ser útil buscar ayuda psicológica.

En terapia podemos explorar qué mantiene esa necesidad de control, cómo se relaciona con tus preocupaciones y qué estrategias pueden ayudarte a afrontar la incertidumbre de otra manera.

No se trata de aprender a vivir sin preocupaciones, sino de que estas no ocupan tanto espacio en tu día a día.

Soy Marta Marín, psicóloga en Valencia, y trabajo con personas que experimentan ansiedad, preocupación excesiva y dificultades para manejar la incertidumbre, tanto presencialmente como online.

Si te has reconocido en estas situaciones y quieres saber cómo podemos trabajarlas, puedes consultar mi servicio de terapia para la ansiedad.

Conoce cómo trabajar la ansiedad